martes, 14 de febrero de 2012
AULA DE LITERATURA JOSÉ A. GABRIEL Y GALÁN
lunes, 6 de febrero de 2012
PASEO
Una risa azotó mis rubios cabellos con delicadeza y suavidad. Me trajo el agradable olor a salitre que siempre estaba presente en Coruña, mi ciudad adoptiva. Miré hacia el cielo, normalmente encapotado y tormentoso, ahora estaba con un radiante sol en su cénit. Sonreí y seguí caminando. La playa estaba abarrotada, cosa que era extraña teniendo en cuenta que allí no solía hacer calor. Miré hacia el mar con alegría chispeando en mis ojos; aquellos días escasos me llenaban de energía y vitalidad; solía hacer grandes caminatas por la playa o paseos igual de largos por el bosque hasta bien entrada la noche.Un fuerte brazo se pasó por mis hombros. Supe quién era antes de alzar los ojos para toparme con una radiante sonrisa de dientes perfectos. Los ojos de color esmeralda de Alex me miraron con cariño. Su pelo negro contrarrestaba con el celeste del cielo y brillaba con millones de gotitas incandescentes. Sonreí y me arrimé a él. Tenía el cuerpo mojado; seguramente había aprovechado para meterse en el agua. Miré hacia atrás para comprobar mis sospechas. Allí estaban todos sus amigos metidos en el mar y mirándonos con ojos socarrones. No pude evitar sacarles la lengua.
-Dime, Carmen, ¿qué haces?
-Creía que es evidente, estoy paseando.
-Comprendo.
Supe que sólo había preguntado para quebrar el silencio. Nos conocíamos, prácticamente, desde la cuna y siempre habíamos sido los mejores amigos. Y lo seguíamos siendo.
-¿Qué quieres, Alex? - Mi voz no sonaba tosca, sino agradable.
-¿Acaso no puedo dar un paseo con una amiga?
Sonreí de nuevo, mi buen humor era contagioso. En ese momento su móvil sonó con una melodía clásica: Für Elise, de Beethoven. Me encantaba esa canción. Atendió rápido :-¿Diga?
Estuvo unos segundos en silencio.
-Bien, adiós.
Colgó y miró al horizonte, estaba atardeciendo.
-Tengo que irme – me agradó que su voz fuera seca, no quería irse.
-Ya nos veremos.
Me puse de puntillas para darle un beso en la mejilla. Él sonrió y se dio la vuelta. Observé cómo se alejaba por la arena. Yo le imité, pero en dirección contraria para continua mi paseo. Miré fijamente el horizonte; estaba atardeciendo.
Y este es el relato de Virginia Terradillos Martín de 1º A. Nos recuerda esos cuentos tradicionales con un final sorprendente.
EL PODER DE LA BONDAD.
Hace mucho tiempo atrás, un joven, heredó una gran cantidad de dinero. Decidió que a su fortuna le daría un buen uso. Entonces el Sabio, un malvado personaje, pretendía robarle al muchacho toda su fortuna, para así conseguir el elixir de la eterna juventud.
El joven comenzó a organizar la distribución de su tesoro. Con ayuda de su secretaria, empezó a fundar varios colegios y contribuir a la enseñanza de muchos niños. Al cabo de un tiempo, el joven se enamoró de una doncella, pero ella se iba a casar con un caballero.
El sabio le propuso un pacto: él le daría el amor de la doncella a cambio del tesoro. El joven aceptó. La secretaria del joven le hizo reflexionar y se dio cuenta que estaba equivocado. Cambió el tesoro de sitio, pero al transportarlo cruzó una barrera energética y perdió la vista.
El Sabio le dijo al joven que le devolvería la vista a cambio del tesoro y el joven aceptó. Entonces el Sabio le devolvió la vista al joven, rejuveneció y se dio cuenta de que el verdadero elixir de la juventud era la bondad.
El sabio aprendió a ser buena persona, amable y bondadosa, y se convirtió en el mejor amigo del joven. Desde entonces no volvió a haber una disputa de ningún tipo entre ellos.
jueves, 19 de enero de 2012
HISTORIAS DE PERGAMINO
Aquí tenéis una muestra de uno de los relatos que ha participado en la actividad HISTORIAS DE PERGAMINO. Pertenece a la alumna Rosario Cives Losada de 1º de secundaria. En la biblioteca encontraréis otros muchos relatos igual de interesantes, los podéis leer y dar vuestra opinión.UN SUEÑO CUMPLIDO
Un viento cálido recorrió las llanuras agitando los rebeldes pastizales, confirmando así la llegada del verano.
Los pájaros se alzaban al cielo, imponentes y orgullosos de sus acrobacias aéreas; Rebecca los observaba embelesada, siempre le habían gustado las aves, sobre todo su capacidad de volar. Su deseo más preciado siempre había sido surcar el cielo y rozar las nubes con la punta de sus dedos, o simplemente soñar con ello.
“Una aventura”, pensó Rebecca, eso es lo que necesito. Se le iluminaron los ojos...sobrevolar Herradura, su querido pueblo, habría sido una verdadera osadía. Rebecca vivía con su madre Amelia, una mujer agradable de ojos color canela y melena rubia, también con su padre Sebastián, un hombre amable con el cabello color carbón y los ojos azules como el mar.
Como cada año, Amelia y Sebastián habían dispuesto una gran sorpresa para el cumpleaños de su hija. En su opinión, era una fecha muy importante, un periodo de crecimiento y maduración en el que las personas tienen nuevas experiencias, y saben distinguir en quién confiar.
Los padres de Rebecca la habían enviado a las cuadras, aunque ella había preferido montar a Trueno, su precioso caballo, mientras observaba a esas maravillosas criaturas.
Al cabo de un rato, sus padres salieron de la casa y al verla con Trueno se dirigieron hacia allí. Amelia iba andando a gran velocidad con su deslumbrante sonrisa, mientras que Sebastián caminaba lentamente intentando contener a su esposa. Al llegar, los dos se cogieron de las manos y miraron a Rebecca con un brillo especial en los ojos al anunciarle:
- Querida hija, en este día tan especial, tu cumpleaños – explicó Sebastián.
- Queremos que tengas un recuerdo feliz, y que siempre que pienses en este día te acuerdes de tus padres, que tanto te quieren – dijo Amelia.
Los dos la llevaron a una explanada con un paisaje precioso. Amelia y Sebastián le mostraron un globo aerostático, que se hallaba junto a una sencilla cabaña, y Rebecca los siguió.
Todos juntos subieron a aquel maravilloso globo, y Rebecca como en un sueño rozó con la punta de sus dedos las nubes rosadas del atardecer. Sonriendo los abrazó y les agradeció la manera con la que le demostraban su cariño.
Rosario Cives Losada
1º B de Secundaria
lunes, 16 de enero de 2012
NOVEDADES ENERO

Eduardo Punset nos acompaña en un apasionante recorrido para abordar el futuro con la seguridad de que cualquier tiempo pasado fue peor.


En japonés, la letra q y el número 9 son homófonos, los dos se pronuncian kyu, de manera que 1Q84 es, sin serlo, 1984, una fecha de ecos orwellianos. Esa variación en la grafía refleja la sutil alteración del mundo en que habitan los personajes de esta novela, que es, también sin serlo, el Japón de 1984. En ese mundo en apariencia normal y reconocible se mueven Aomame, una mujer independiente, instructora en un gimnasio, y Tengo, un profesor de matemáticas. Ambos rondan los treinta años, ambos llevan vidas solitarias y ambos perciben a su modo leves desajustes en su entorno, que los conducirán de manera inexorable a un destino común. Y ambos son más de lo que parecen: la bella Aomame es una asesina; el anodino Tengo, un aspirante a novelista al que su editor ha encargado un trabajo relacionado con La crisálida del aire, una enigmática obra dictada por una esquiva adolescente. Y, como telón de fondo de la historia, el universo de las sectas religiosas, el maltrato y la corrupción, un universo enrarecido que el narrador escarba con precisión orwelliana


SINOPSIS

«Una historia de amor, amistad y transmisión del saber...»
Auténtico fenómeno social en Japón (un millón de ejemplares vendidos en dos meses, y otro millón en formato de bolsillo, película, cómic y CD) que ha desatado un inusitado interés por las matemáticas, este novela de Yoko Ogawa la catapultó definitivamente a la fama internacional en 2004. En ella se nos cuenta delicadamente la historia de una madre soltera que entra a trabajar como asistenta en casa de un viejo y huraño profesor de matemáticas que perdió en un accidente de coche la memoria (mejor dicho, la autonomía de su memoria, que sólo le dura 80 minutos). Apasionado por los números, el profesor se irá encariñando con la asistenta y su hijo de 10 años, al que bautiza «Root» («Raíz Cuadrada» en inglés) y con quien comparte la pasión por el béisbol, hasta que se fragua entre ellos una verdadera historia de amor, amistad y transmisión del saber, no sólo matemático…

Lázaro es un joven aprendiz de escritor que, en opinión de su maestro, es incapaz de escribir historias largas, a pesar de su talento, porque pertenece a la generación de lo fragmentario, del post bloguero, el mensaje de Facebook o Twitter y el vídeo de YouTube. Para Lázaro, el problema estriba en que no tiene argumentos, en que le falta una historia que contar. Su maestro le regala la de Jorge, un joven madrileño, como él, que setenta años atrás, el 13 de julio de 1941, salió con la primera expedición de la División Azul. Una peripecia pasmosa que le llevó a la batalla de Krasny Bor, en el frente de Leningrado, y después, en 1945, a defender Berlín con el uniforme de las Waffen-SS. Acompañado por las lecturas de Walter Benjamin, Jorge Semprún o Günter Grass, Lázaro escribe un relato vibrante que, enhebrando estampas del hoy, desde las guerras de Irak y Afganistán al 15-M, recorre los escenarios de una Europa en guerra, e, hijo de su tiempo, comprende que con esa suma de fragmentos, escenas, lugares e historias ha construido, finalmente, una novela

SINOPSIS
En el lecho de muerte, María Francisca, miembro de una noble familia de Toledo, clama desesperadamente por sus hijos. La tensión es enorme: nadie de los presentes conocía que la joven hubiera tenido descendencia. Su madre niega sus palabras, pero sus tías no dejarán de preguntarse qué hay de verdad en ellas.
Comienza así una apasionante inmersión en la historia de las mujeres Camp de la Cruz, Mariana, Munda y Alejandra, herederas de un hacendado español, y de sus irreconciliables diferencias vitales en la búsqueda de la felicidad. La masonería femenina, la lucha por la igualdad y la tradición frente a la modernidad a finales del siglo xix y principios del xx son algunos de los temas que jalonan este relato apasionante que no dejará indiferente a ningún lector.

SINOPSIS
Ya es bastante difícil que un hombre y una mujer compartan la vida. Pero cuando un hombre y una mujer tienen que compartir además el mismo cuerpo, el caos es completo… Rosa busca soluciones para su corazón roto. Un día, mediante hipnosis, es transportada al pasado, con tan mala fortuna que se ve transformada en un caballero que está batiéndose en duelo. Estamos en el año 1594, y ese hombre se llama William Shakespeare. Rosa no podrá volver al presente hasta que descubra qué es el verdadero amor, y para lograrlo sólo cuenta con la ayuda de un Shakespeare enamoradizo que odia sentirse controlado por una mujer. Mientras discuten entre ellos compartiendo un mismo cuerpo, se darán cuenta de que antes de poder amar a alguien deben aprender a quererse a sí mismos.
martes, 20 de diciembre de 2011
Ordenó la Biblioteca por colecciones y vio que no le gustaba. Se le antojaba vulgar. Parecía como si hubiese comprado los libros por el mero afán de adornar las paredes. Por eso decidió cambiar y probó a alinearlos por tamaño. El efecto era interesante. Transmitía el carácter práctico y desenfadado de un lector voraz y algo desastroso, pero no acababa de convencerle. Por eso probó a colocarlos por orden cronológico de escritura, en función de la lengua en que habían sido escritos e incluso en el idioma en que habían sido publicados sin llegar a encontrarse del todo satisfecho. “Demasiada pedantería”, se dijo, y concluyó que quizá lo mejor era un estricto orden alfabético de autores, el criterio aséptico que empleaban las grandes bibliotecas. “Por algo lo harán”, pensó. A continuación se puso manos a la obra y comprobó que aquello comenzaba a gustarle, pero que aún le faltaba un toque, un pequeño detalle, el que había de otorgarle verdadero rigor a su biblioteca, la distribución por materias, y repartió escrupulosamente los libros entre poesía, novela y ensayo. “Mucho mejor”, se dijo luego, aunque enseguida se dio cuenta de que la colección había de crecer, de que se incorporarían nuevos géneros, nuevos títulos, nuevos autores, y fue dejando hueco en función de esas futuras adquisiciones. Al terminar tomó aire y un poco de distancia, contempló el trabajo en toda su magnitud y el resultado le pareció casi perfecto, pero sólo casi, pues algo no acababa de funcionar del todo. Después de darle mucha vueltas comprendió que el problema era que la biblioteca no podía estar desterrada en la soledad recóndita de un dormitorio, que tenía que encontrarse en el mismo corazón de la casa, que sólo así alcanzaría la perfección. Entonces recogió solemnemente sus tres libros y se los llevó, bajo el brazo al comedor.
PALABRAS MENORES
Juan Ramón Santos
